
Tomás era un lirón de lo más normal. Se despertaba, desayunaba, paseaba, miraba los atardeceres, volvía a su casa, cenaba, veía la tele para lirones y se iba a la cama a dormir. Aunque lo que más le gustaba de tanta monotonía era despertarse por las mañanas, abrir la ventana y esnifar el aire que entraba por entre las cortinas.Tomás creía que ese aire había sido expresamente creado para él, porque le sentaba de maravilla, y le hacía pensar que algún día, tal vez, le podría pasar algo absolutamente increíble, como viajar a las estrellas, o algo por el estilo.




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